Habían pasado casi tres meses después de lo sucedido, y como si se tratase de un sueño le habían parecido horas. 24 para ser exactos. Había caído en un sinfín de sueños eternos. Pasaba su rutina diaria lo mas rapido posible para que llegara la noche y así llevar la vida que deseaba. Se dormía empapando la almohada y creyendo que esa realidad traspasaría a su vida en algún momento. Eso no iba a ocurrir, y tras muchas peleas consigo mísma al fin había entendido que era el
final de ese
baile. Era hora de despertar a su adormilado corazón y hacerle caminar al paso de sus latidos.

Y al paso de la realidad
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